jueves, 26 de abril de 2007

¿Qué es lo que realmente me gusta?


Las fotografías capturan el momento, nos ciegan un rato y miramos a través de un pequeño lente lo que nos rodea. Nos abstraemos. Por un momento dejamos de ser nosotros y pasamos a ser un algo omnipresente. La vida se llena de miles de recuerdos, pero ¿porqué no robar uno ajeno?. Cuando vi esta foto de Simón País, me di cuenta de que ese era un recuerdo que quería para mi, pero que era de otro.

Quizás es porque me gusta tanto Santiago, como a nadie que conozca. Quizás es porqué la luz del sol ya se va ocultando y va a dar paso a una noche de esas largas. Quizás es el cuerpo desnudo y a la vez ajeno al retrato que se deja caer en la cama. Son los tonos amarillentos. Es la contemplación a lo externo, desde la más intima privacidad. El cuerpo y la ciudad. Las montañas del desnudo que se condicen con las formas de los edificios. El valle de su espalda y la plaza del frente. Mirar sin querer ser mirado y de repente un intruso que se roba el momento.

Cada foto es un mundo, el mundo que vemos o el mundo que coloreamos a mano para poder ver como queremos. ¿Quién es mejor fotógrafo? El que captura o el que crea una nueva realidad y hace que los objetos comiencen a parecernos mágicos; que las luces nos cieguen, que los colores cambien y se vuelvan irreales.

Me gustaría haber estado tendida en esa cama, haber mirado impúdicamente la ciudad...

A veces es dificil seguir a un mono...

Casi siempre cuando la gente que te quiere te llama por tu nombre, es porque está enojada, así que les presento al monito, mi hermano chico. Su nombre real es Brian Carter, tiene 8 años y va en tercer año del colegio Alicante. Vive con mi mamá y conmigo (cuando me aparezco), así que fue lindo verlo más tiempo del habitual. El problema, es que es muy difícil perseguir a un mono...


Esta foto es mi favorita, se la tomé en la plaza que está al frente de la casa. Me gritaba “me voy a caer” mientras yo trataba de enfocar... valió la pena.



Mientras todos los niños de la sala juegan, el monito reflexiona sobre si sacarse o no el dedo de la nariz.



¡Despierta monito que nos vamos¡. Este es el patio de su colegio. A veces la mamá se demora en estacionar. Cierto?

Ciertamente nos parecemos. Cada vez que lo miro, me miro un poco en él; en el lunar del cuello que sella la misma sangre que nos corre; en la mirada perdida más allá de los imposibles. Cada vez que lo miro, me dan ganas de volver a ser él, y de repente en un segundo lo logro.



Esta es la perdición de la familia. Este tarro que se ve ahí, no duró más de dos horas... en serio. ¡Pucha que es rica la leche condensada!










El solcito en la cara. Los últimos rayos que se van con el otoño. Como si ya no estuviera lo suficientemente negro, el perla toma sol. Mira para arriba como buscando algo. Es extraño vivir con un niño que a ratos parece un grande. Las manitos en la guata, quizás se dio muchas vueltas...?


De nuevo colgando. Si los “grandes” pusiéramos menos los pies en la tierra, podríamos alcanzar más fácilmente las cosas. Aquí está con su amiga Gabriela, siempre hemos querido hacerle gancho con ella, pero según él “son solo amigos”.




Desde muy chico, este niño desarrollo un fetiche extraño por la oreja de su madre. Se queda dormido así, como un aro gigante encima de mi mamá. A veces me da un poco de asco o un poco de celos, ¿que se yo?. Desde que él nació ella se volvió adicta a él y nadie los puede separar. Yo los miro de lejos... a ratos me da frio.